El camino del Ramapithecus
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Eran tiempos remotos cuando alguna presión ambiental obligó al Ramapithecus a abandonar su mundo arbóreo y buscar nueva singladura por los caminos de la tierra. Por cierto, el nombre le fue otorgado a ese puñado de fósiles en honor del dios hindú Rama, sin relación alguna con las ramas de los árboles. |
Y en su andadura de millones de años, tras las complejidades evolutivas de homínidos y de las diferentes fases del género Homo, parece ser que pudimos desembocar en la actual especie humana, que, si verdaderamente difiere de su antecesor, es completamente coincidente con el deambular por los caminos de la nueva selva de asfalto.
El vocablo “camino” es uno de los más analizados e interpretados de la literatura universal. Comprenderlo en relación con uno mismo es trascendental, pues hasta que la persona no encuentra su camino, vaga errático sin saber dónde reposar. Aquí no pretendo ofrecer cauces para descubrirlo, pues eso forma parte de la intimidad de cada uno. No obstante, quisiera ofrecer una breve reflexión sobre la fortaleza de cada cual para que la presión ambiental no te saque de tu propio camino.
Indudablemente, pocos tesoros para el hombre como haber descubierto su lugar en la vida y su misión. No importa si es grande o pequeña, lo esencial es que es la tuya. Y cuando la vivencias y la gozas, te desborda la alegría. ¡Estás en tu camino! ¡Amas tu vida!, esto no tiene parangón. Tampoco resulta esencial los beneficios económicos que reporta el recorrido del camino. Lo fundamental es que está bajo tus pies, lo pisas con fuerza, avanzas con decisión…, y te conviertes en una fuerza imparable que deja a su paso un trazo de amor, de bien, de bondad, de fraternidad.
Luego aparece la presión ambiental: los perros y las perras que te ladran, porque no pueden soportar tu bienestar. No eres superior a nadie, y lo sabes; eres tú mismo. ¡Eso es lo que eres y jamás dejarás de serlo: un ser que ha encontrado su camino y se reconoce a sí mismo en el devenir de su existencia, con independencia de las circunstancias externas!
También aparece como presión ambiental ese séquito de buenos transmitiendo su “buenismo”. Es el buenismo un modo de apariencia cuyo objetivo consiste en que los demás lo perciban como hombre de bien. Pobres estúpidos…
E incluso también hombres de Dios que no llevan a Dios en su pecho, sino al proyecto que ellos trazan sobre ti. Cuídate mucho de ellos y despídelos cortésmente, pues proyectan la voluntad de Dios sobre ti, cuando en realidad es la suya. Porque Dios, cuando te pone en tu camino, y ahí lo encuentras, te proporciona una paz inusitada, un gozo sin igual. Entonces es Él quien te transmite su fuerza, para que toda presión ambiental suponga en ti como esa leve brisa maloliente.
¡Oh, recorrer el camino cual poeta libre de ataduras! ¿Derramar el bien con las manos llenas de granos de oro y lágrimas plateadas! ¡Mirar al horizonte y dormir, sin saber dónde mañana despertarás..!
¡Cuánto sufrió el Ramapithecus al ser expulsado de su refugio arbóreo!, y cuánto sufren las personas tratando de encontrar su lugar en la vida, o los que habiéndolo descubierto son expulsados por gente desalmada.
