Feliz día de tu Santo/-a

izq Con la avalancha que padecemos de multiplicación de palabras en pro de una pretendida igualdad de género gramatical –“todos y todas, los y las presentes, los/las interesados/-as”, etc. -, no estará de más que pensemos en las consecuencias de llevar más adelante aún tal tendencia. Si es que nos interesa ser consecuentes, claro.

Habría que revisar de arriba abajo el refranero, lo cual daría para un buen trabajito.  Frases tan simples y –a mi entender- tan claras como  “El perro es el mejor amigo del hombre”, las consideraríamos machistas, unilaterales y odiosas.  Por tanto, habría que reformarlas y reformularlas: “El perro y la perra son el mejor amigo y la mejor amiga del hombre y de la mujer”.
¿Todo más claro?  Vean.  De ahí se sigue, aparte de una apreciación global de las frases menores (-perro y perra, en conjunto- son –amigo y amiga, en conjunto- de la pareja humana), que puede haber otras apreciaciones particulares.  A saber:  El perro es el mejor amigo del hombre, así como la perra lo es de la mujer.  O bien referencias cruzadas:  La perra es también la mejor amiga del hombre, así como el perro lo es de la mujer.  O tal vez  tomando en conjunto la pareja perruna refiriéndola a cada individuo/-a de la pareja humana:  el perro y la perra son los mejores amigos del hombre, y asimismo lo son de la mujer.  O viceversa, tomando la pareja perruna escindida individualmente, y en bloque la pareja humana: El perro es el mejor amigo de la pareja humana, e igualmente la perra es la mejor amiga de la misma. Quedaría la duda: ¿son amigos perro y perra entre sí? ¿y los humanos/-as? ¿Puede haber a la vez dos mejores amigos/-as?  Tal vez no habíamos apreciado antes tal riqueza de matices conceptuales, que sólo sirve para complicarnos la vida.

Y ¿qué decir  los santos y santas? Vamos con ellos y ellas.  (O con ellas y ellos, que tal vez sería más educado, y en buen plan). Es frecuente felicitar por el día del Santo;  pero ¿no sería más justo e igualitario, a una mujer que se llama Águeda, Matilde o Teresa, felicitarla por el día de su “Santa”?  Vale, hagámoslo así, pero esto requiere cierta reflexión.  Si una mujer se llama Antonia, Petra, Francisca, Josefa o Paulina, habrá que felicitarla por el día de su “Santo”, ya que dichos nombres vienen de sus masculinos correspondientes (Antonio, Pedro, Francisco, José, Pablo).  A la inversa, si un hombre se llama Cecilio, Isabelo, Mario o Mariano, habrá que felicitarlo por su “Santa”, ya que tales nombres proceden respectivamente de Santa Cecilia, Santa Isabel, o Santa María, Madre de Dios.

Más complicado es adentrarnos en nombres como Trinidad (normalmente aplicado a mujeres, pero posible para hombres), Ascensión, Socorro, Paz, Puerto, Sol, Mar, Luz, Camino, Amparo…, nombres de uso femenino, pero algunos gramaticalmente masculinos.  ¿Qué decir sobre estos nombres? ¿Felicitaremos, dado el caso, “por el día de tu Santo”, o “…de tu Santa”?  Si son advocaciones de la Virgen María, ahí tendremos una pista para decir “día de tu Santa”.  Se requiere, pues, cierta cultura mariológica.

Como balance, creo que acabaremos planteándonos de qué nos sirve ser tan consecuentes con una idea cuya inspiración en principio era buena, pero cuyas ramificaciones nos enredan más de lo deseado.

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