La Guasa del Alma

En su acepción más frecuente de uso, la palabra guasa se entiende como chanza o burla. Cuando decimos que alguien es un guasón, nos referimos a que siempre está de broma, de todo saca una situación graciosa o al menos simpática. Ello como una actitud vital, permanente en su vida.

ga2 Habitualmente suele coincidir con el “gracioso” de todos conocido, pero no siempre. El gracioso todo se lo toma a broma, incluido lo más serio, menos una cosa: él mismo. Es un esfuerzo permanente por sacar la risa a los demás y encontrar una aceptación del otro, que él no tiene de sí mismo.
Una tremenda inseguridad habita en el fondo de estas personas que pueden tener más o menos “ángel”, pero que se emplean permanentemente a fondo a su tarea.

Tiene por otra parte una muy fácil tarea, porque no hay nada más ridículo que la mayor parte de las sensaciones, aspiraciones, frustraciones que embargan a cualquier ser humano, a cualquiera de nosotros. Nuestra sensación de felicidad, digo “sensación de” está influida por las hormonas, la ionización ambiental, los niveles de carbohidratos circulantes…, y eso hace que perder un peine, dar un resbalón, sentirse en evidencia en alguna insignificante ocasión o una contestación de alguien, poco cálida, consiga hundirnos una mañana o un día completo.
Vivimos en la frontera de lo patético permanentemente como si cada uno de nosotros fuésemos un gran personaje. Nuestra memoria no alcanzará tres generaciones en el mejor de los casos. Nuestros bisnietos, el que los vaya a tener, posiblemente una o ninguna vez siquiera nos mencionarán en sus vidas. Nuestras vidas son sólo pequeñas existencias que no significan nada en el devenir de la Historia, ni siquiera aportan nada con excepciones muy contadas. Y en esos casos la Historia como la “vida” es absolutamente injusta.
Miramos el cosmos inmenso, la expansión del Universo, quizás de otros Universos. Todo magnífico y escapando totalmente de nuestro control y de nuestro entendimiento a pesar de los esfuerzos de la Ciencia.
Bajamos al microcosmos, entramos a nivel molecular y atómico, a las partículas elementales de la materia y su comportamiento y seguimos en un plano que nos supera por mucho que la ciencia se esfuerce en explicar. Detrás de cada hallazgo aparecen otras mil preguntas, detrás de cada pregunta otras mil más.
Y en medio de un proceso de miles de millones de años, cada uno de nosotros con nuestras pequeñas vidas seguimos sin ser nada. Pero nosotros, cada uno de nosotros, nos creemos todos seres importantes. Y no encontramos la causa por la que tenemos esa sensación de ser tan importantes a pesar de la cruda realidad.
Nuestra importancia se basa en que a este ser insignificante y con tanta vanidad, su Creador lo ama inmensamente, sin necesidad de hacerlo, por puro Bien. En una auténtica locura que sólo el Amor de un Ser tan grande puede hacerlo. Y ahí está nuestro valor y nuestra importancia y nuestra trascendencia por los siglos de los siglos.
Y aquí volvemos con el principio de este razonamiento. Las personas que se sienten profundamente amadas por el Creador viven en una continua aceptación de lo patética de su naturaleza, en parte, de sus defectos, de sus miedos, de sus mentiras de la forma más natural. Justamente esas debilidades le hacen merecer la profunda Misericordia de su Señor, se siente totalmente amado y aceptado como es, él mismo. Lo que le permite de forma natural y relajada reírse de sus mentiras, de sus fallos, de sus miedos, ya que todo ello sólo consigue sacar la sonrisa de Dios. Esa es la guasa, la guasa del alma. Otros le llaman sentido del humor. Pero siempre la chanza se dirige a uno mismo, no a los otros. Genera una actitud vital distinta, en la que la persona es muy consciente de su limitación, es muy consciente de que su limitación va mucho más allá de lo que él o ella ve o palpa cada día. Llega a encontrar una alegría íntima sin igual en reírse de sí mismo, haciéndose nada ante su Señor y ante los demás en una disponibilidad permanente de ayuda, entrega y donación al otro. Lo de uno apenas si tiene importancia. Es más, no tiene ninguna importancia. Aquí recuerdo la historia del cuarto rey mago, esa leyenda tan hermosa en que el rey Artaban que iba como Mago de Oriente buscando adorar al Niño Dios se encuentra una y otra vez con situaciones, personas y hechos que lo sacan del camino, al tener que atender problemas de otros, desconocidos para él. Cuando consigue llegar, el Niño Jesús hace años que se fue de Belén, llega a Jerusalén donde se produce un tremendo terremoto cuando muere un crucificado. Una piedra enorme cae sobre su cabeza y en la semiinconsciencia se le presenta una figura que le dice: Tuve hambre y me distes de comer, tuve sed y me distes de beber… ¿Cuándo hice yo esas cosas?” Lo que hicistes por esas gentes lo hacías por mí”, y con él se elevó a los cielos en el viaje más hermoso nunca soñado.
Toda la piedad, las oraciones, los ayunos, las mortificaciones…, van destinadas a situarnos en la actitud de la entrega, del Amor desinteresado a los demás. Ese alma que se preocupa más de los demás que de sí mismo, vive riéndose permanentemente de esa llamada interior a prestarse atención a sí misma, cargada de egoísmo, vanidad y tantas veces de soberbia. De eso se ríe el alma entregada. Esa es la guasa del alma.
El único drama para estas personas, lo verdaderamente trágico en su existencia, es el pecado. La ofensa íntima contra quien cada día disfruta de tu presencia y muestra su sonrisa como en Isaías nos contaba: ”Como un madre acaricia a su hijo, Yo os llevaré sobre mi pecho, os meceré sobre mis rodillas. ¿Puede una madre olvidarse de su hijo?.., aunque ella se olvidara , Yo nunca os olvidaré”.
Lo único dramático en la vida de un ser humano es la pérdida de la sonrisa de Dios. Lo demás es todo accidental y es más gracioso que otra cosa. Lo que consideramos tragedias, hechos conformados por el dolor o la pérdida, que no conseguimos entender, encuentra su sentido en la mirada de Dios, la Providencia amorosa del más bueno de todos los padres .
En esa actitud vital, aunque no se les vea sonreír, sienten la mayor de la alegrías posible y cada paso de la vida está lleno de la guasa, la guasa del alma. Francisco de las Morenas Guitarte”.

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